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Invencible: Historia de una breve despedida (En memoria de Alfredo Castañeda Pro S.J.)*

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Por Pablo Ignacio Chacón
Tenía los ojos cerrados, la piel amarilla y los miembros recogidos. Salvo el pecho, que subía y bajaba con rapidez, el resto de su cuerpo parecía hecho de un material rígido y quebradizo. Intenté reconocerlo. No fue fácil. No se parecía al pastor que había presidido los matrimonios de casi todos mis amigos, los bautizos de sus hijos y los sepelios de sus padres. Ni al reclutador que era capaz de convencer a decenas de adolescentes clasemedieros de cambiar sus vacaciones de verano (o de medio año) por una temporada de trabajo social en las zonas más pobres de Ancash, Arequipa, Cusco o Ayacucho. Pero tampoco se parecía a ese ogro que, jadeando, caminaba en círculos cada vez que se molestaba. Ni al cura desafinado que, consciente de sus limitaciones musicales, evitaba cantar en las misas. Ni al trabajólico que se irritaba cuando alguien le sugería tomarse unas vacaciones. Ni a ese cuya risa -una metralleta de jotas y ges- imitábamos burlonamente sin que lo supiera…

Cuando el agua salpica todos se mojan

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Por Flavio Vaccarella

Hace unos días leí un artículo compartido por alguien de mi pequeño entorno en fb. Era un artículo de un escritor conocido en el Perú. El artículo de opinión era en respuesta a la marcha que hicieran los grupos de LGTB en Lima. En fin, sí me percaté que se comentaba de un tal Padre Jaime que le metía la mano a los alumnos. Recordé que uno de los padres del colegio en el que estudié también se llamaba Jaime y era muy viejo. Pero hasta allí nada mas. Un par de días después me reencuentro con un gran amigo y hermano del colegio, y me comenta que un muchacho escritor exalumno  ha escrito cosas degradantes del colegio y del Padre Jaime. Le digo, pero estás seguro que ese patín es exalumno, porque la verdad que no recuerdo jamas haberlo visto o escuchar de él. Sí, me dice.
Allí es cuando ato cabos y el agua me salpica, por lo tanto me mojo. Qué hacer, quedarse callado ante una opinión que sí me atañe, que no he vivido, porque vamos, nunca ningún sacerdote o colaborador …